Entrevista a César Mallorquí

ENTREVISTA REALIZADA POR JUAN JOSÉ LAGE PARA LA REVISTA PLATERO: nº 168, noviembre – diciembre, 2008

1. ¿Cómo fueron tus inicios literarios? ¿Por qué te hiciste escritor?

Mi padre, José Mallorquí, era escritor, de modo que en mi familia esa era un opción profesional razonable. Comencé a escribir siendo muy pequeño; de hecho, publiqué mi primer relato cuando tenía quince años, y con diecisiete era colaborador de la revista La Codorniz. Luego me dediqué durante unos años al periodismo (era la carrera que había estudiado) y a comienzos de los 80 me pasé al sector publicitario, donde trabajé como creativo durante una década. En los 90, harto de la publicidad, volví a escribir, y así sigo. ¿Por qué me hice escritor? Creo que, de algún modo, por mi ADN y por mi educación, estaba predestinado.

2. ¿Qué recuerdos guardas de la escuela y las lecturas de tu infancia?

Mis recuerdos de la escuela son un tanto contradictorios; por un lado está la nostalgia por la infancia, y por otro el hecho de que aquella escuela era la escuela franquista, con su Formación del Espíritu Nacional y su catolicismo ultramontano. Digamos que guardo de aquel tiempo una imagen con claroscuros. En cuanto a las lecturas… Siempre leí mucho y, precisamente durante mi infancia, me aficioné a la ciencia ficción y a la literatura fantástica. Aparte de eso, creo que hay dos lecturas que me marcaron: el Tintín de Hergé y Las aventuras de Guillermo Brown, de Richmal Crompton. Sigo creyendo que ambas series son magistrales.

3. ¿De qué libro o libros tuyos estás más satisfecho? ¿Cuál consideras tu libro más peculiar?

Aunque sea un tópico, eso es como preguntar a cuál de los hijos se quiere más. En cualquier caso, contestaré que mi novela juvenil favorita es la última que he publicado: La caligrafía secreta (SM). En primer lugar, por eso, porque es la última; pero también porque, al contrario de lo que me sucede con el resto de mi obra, con esa novela conseguí más de lo que pretendía, es mejor de lo que esperaba que fuese. Respecto a mi libro más peculiar, creo que es La compañía de las moscas (Alfaguara), por el tema que trata y por la compleja personalidad de su protagonista, quizá mi personaje más original y conseguido. Es posible que esta novela, junto con La Mansión Dax (SM), sean mis mejores obras.

4. Cuéntanos algo de tus gustos literarios.

En ese terreno soy omnívoro; leo de todo, aunque siento una especial debilidad por la ciencia ficción clásica y la literatura fantástica. Pero también me interesan otros géneros, como el policíaco, la novela de aventuras, la novela histórica… y lo que está fuera de género, por supuesto. Me gusta la buena narrativa, sea de la temática que sea. Y los cómics, por supuesto; esa es otra de mis debilidades. Mi escritor favorito, al que releo constantemente, es Jorge Luis Borges. Y por citar otro nombre (procurando que sea atípico): Alan Moore, un guionista de cómic sencillamente genial.

5. Algunos de tus libros nos parecen muy visuales. ¿Los escribes pensando en su adaptación cinematográfica? ¿Cuáles te gustaría ver en versión audiovisual?

No, ni remotamente los escribo pensando en una posible adaptación cinematográfica. La literatura del siglo XX se ha visto influida por la narrativa cinematográfica, eso es un hecho. Por otro lado, a mí me gusta mucho el cine, casi tanto como la literatura, de modo que es lógico que mi estilo contenga muchos elementos visuales. ¿Cuál de mis libros me gustaría ver convertido en película? Creo que La compañía de las moscas; su estructura narrativa es muy similar a la cinematográfica. Y también cualquiera de las historias de Jaime Mercader, porque me encantaría ver en imagen real las locuras que usualmente comete mi personaje.

6. ¿Cómo son tus relaciones con otros escritores?

No suelo frecuentar los círculos literarios (hay demasiada vanidad por centímetro cúbico para mi gusto); no obstante, tengo muchos amigos escritores y me llevo de maravilla con ellos. Pero antes que nada son amigos, y después eso, escritores. Aunque es cierto que con los colegas puedo hablar sobre técnica literaria y la tramoya de la escritura, algo que no suelo hacer con el resto de la gente; pero eso sucede en todos los trabajos.

7. ¿Reformarías algún libro tuyo de los ya publicados?

No suelo releer mis obras ya publicadas, pero supongo que sí, que algo corregiría si tuviera la oportunidad… aunque la verdad es que una novela se acaba cuando la publicas y no habría que darle más vueltas. No obstante, hay una de mis novelas (no diré cuál) que odio profundamente. La reformaría de principio a fin; mejor dicho, la eliminaría, la borraría, quemaría todos los ejemplares. Desgraciadamente, mis editores no están de acuerdo.

8. ¿Qué crees que se podría hacer para el fomento de la lectura entre los jóvenes?

Se está haciendo mucho más de lo que la gente piensa. La labor del profesorado en este sentido es encomiable; he conocido colegios e institutos cuyos profesores, auténticos amantes de la literatura, están formando a multitud de lectores, ofreciéndoles una clase de lectura adecuada, títulos que saben que van a gustar al alumnado. La afición a leer se trasmite por seducción, no por imposición. Por mi parte, lo que intento hacer es demostrarle a los jóvenes con cada una de mis novelas que la lectura puede ser tan divertida y apasionante como una videoconsola, la tele o Internet.

9. ¿Cómo juzgas el panorama actual de la LIJ en España?

Creo que está en un momento excelente. Hay muy buenos autores, se publican magníficas novelas y las ventas crecen año a año; probablemente se trata del sector editorial más dinámico. Quizá el único problema sea que se editan demasiados títulos, y muchos de ellos son mediocres, cuando no directamente malos. Pero supongo que ese es un problema endémico de la industria editorial española en general.

10. ¿Escribir literatura para niños y jóvenes da para vivir?

Respuesta escueta: en mi caso, que es el que mejor conozco, sí. En realidad, la pregunta resulta un poco rara; es como preguntar ¿fabricar tuercas da para vivir? La respuesta no es ni sí, ni no, sino “depende de cuántas tuercas vendas”. Afortunadamente, yo vendo las suficientes tuercas, digo libros, como para vivir razonablemente bien de la literatura.

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